martes, 10 de noviembre de 2009
Exilios
Exilios
Larbanois Carrero
Vino del norte en el principio de un otoño
Ebuscando un sitio en la universidad.
Era un adolescente,
de un niño un poco más.
Se fue a vivir a un pensionado de estudiantes,
pasando a integrarla gran legión de canarios en la capital.
Todo le daba miedo, pesaba la ciudad.
Más de una vez se preparó para el regreso,
pues ya no daba más de soledad:
necesitaba el fuego, el beso de su hogar.
Se fue volviendo ducho en los yeitos de allá.
Envejecieron sus zapatos transitando
calles gastadas de esperanzas en su andar
y se metió en su cuerpo el olor a sal.
Fin de semana esperanzado en la encomienda
que alivie un poco la distancia y la ansiedad,
en la oportuna carta que le llega
a darle fuerzas para continuar.
Se despidió de sus cuadernos de estudiante,
sin encontrar qué hacer en la ciudad.
La desazón y el desencanto
lo empujaban a un exilio más.
Pero él resiste todavía transitando
sueños gastados de tropiezos en su andar,
porque a pesar de todos los pesares
quiere seguir creciendo en su lugar.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
Preguntitas sobre Dios
"Preguntitas sobre Dios" de Atahualpa Yupanqui, cantada por Soledad Bravo.
Un día yo pregunté:
Abuelo, ¿dónde está Dios?
Mi abuelo me miro triste,
y nada me respondió.
Mi abuelo murió en los campos,
sin rezo ni confesión.
Y lo enterraron los indios
flauta de caña y tambor.
Un día yo pregunté:
Padre, ¿Dónde está Dios?
me miró con ojos tristes,
y nada me respondió.
Mi padre murió en la mina
Al fondo del socavón.
Color de sangre minera
tiene el oro del patrón!
Al tiempo pregunté yo:
Hermano, ¿Qué sabes de Dios?
Mi hermano bajó los ojos,
y nada me respondió.
Mi hermano vive en el monte
y no conoce una flor.
Sudor, malaria, serpientes,
es la vida del leñador.
Y que nadie le pregunte
si sabe donde esta Dios.
Por su casa no ha pasado
tan importante señor.
Yo canto por los caminos,
y cuando estoy en prisión
oigo las voces del pueblo
que cantan mejor que yo.
Que Dios vela por los pobres?
Tal vez si, y tal vez no.
Pero es seguro que almuerza
en la mesa del patrón.
Hay un asunto en la tierra
más importante que Dios,
y es que nadie escupa sangre
para que otro viva mejor.
sábado, 19 de julio de 2008
Una de Piratas...
«Ay, los piratas... ¡Pobres piratas! ¡Cuánto nos han hecho soñar los piratas! ¡Y qué mala prensa que tienen! Permítanme que rompa una lanza por su buen nombre porque yo me crié entre los piratas. Vaya usted a saber por qué ellos escogieron mi humilde casa para refugiarse de las galernas del invierno, o para esconderse cuando las flotillas de su majestad les acosaban en demasía... Vivían en una estantería que teníamos en casa, encima de la máquina de coser, y a la que la familia –con ciertas pretensiones, por nuestra parte– llamábamos 'la biblioteca'. De ahí, cada tarde a la hora de la salida de los colegios, zarpaba una flotilla de piratas. Se dejaban caer por el hilo de la luz hasta llegar a unos cuatro o cinco palmos del suelo, donde un niño con la boca manchada de chocolate y la cabeza llena de pájaros, les estaba esperando para irse con ellos a recorrer el mundo. Si sabré yo cómo son los piratas... Yo estuve con Morgan cuando asoló Maracaibo y con Morgan caí en una emboscada que me tendieron los aborígenes. Allí Morgan dejó de escribir y de leer: lo descuartizaron. Yo salvé la vida milagrosamente gracias a mi reputada habilidad para salir corriendo, y después de andar quince días y quince noches perdido entre los manglares, me rescataron –exhausto ya– una banda de predicadores luteranos que andaban por ahí tratando de cristianizar a alguien, y me montaron en un barco y me mandaron otra vez a la Tortuga, que es donde van todos los piratas que se quedan sin empleo. Allí coincidí con Drake, pero no me gustó, no. Drake era muy británico. Yo me volví y luego me embarqué con Raley y luego con John Avery, al que llamábamos "el Largo", porque medía dos metros diez. Y luego, volví a casa porque estaba anocheciendo y mi madre tiene muy mal carácter cuando no ve a todos sus hijos juntos a la hora de cenar. Si sabré yo cómo son los piratas... Cierto que de vez en cuando se les va la mano, y en un abordaje pues se exceden en eso de robar y de matar y de incendiar y de violar, incluso contra natura... La soledad, ¿qué quiere usted? Eso es verdad, pero también hay que poner en el otro platillo de la balanza, las virtudes que adornan al pirata: el pirata es leal, íntegro, incluso tierno y sensible, hasta el punto de colgarse un trapo negro aquí en el ojo, en señal de luto y de recuerdo por aquel hermano que se les fue –el hermano de éste– a ver el mundo por su cuenta y que nunca más volvió al hogar...»
Les dejo también un video y la letra de la canción.
Una de piratas
(Joan Manuel Serrat)
Todos los piratas tienen
un temible bergantin,
con diez cañones por banda
y medio plano de un botin
que enterraron en la orilla
de una playa en las Antillas.
Todos los piratas tienen
un lorito que habla en frances,
al que relatan el glosario
de una historia que no es
la que cuentan del corsario.
Ni tampoco lo contrario.
Por un quitame esas pajas te pasan por la quilla.
Pero en el fondo son unos sentimentales
que se graban en la piel
a la reina del burdel
y se la llevan puesta a recorrer los mares.
Marchando una de piratas ...
Larga vida y gloria eterna.
Para hincarles de rodillas
hay que cortarles las piernas.
Todos los piratas tienen
atropellos que aclarar,
deudas pendientes y asuntos
de los que mejor no hablar.
Se beben la vida de un trago
y se ríen con descaro.
Hasta que un dia, temblando
en la popa de un velero,
la encuentran, y traicionando
la ley del filibustero,
no reclaman el rescate
y rehuyen el combate.
Cuando los piratas son hombres enamorados
de una piel que huele a jazmines, rompen promesas
con sus hermanos del ayer
y huyen al amanecer
rumbo a un puerto que aun no ha puesto precio a su cabeza.
Marchando una de piratas ...
Nadie doblego su espada
y basto una mujer hermosa
para cortarles las alas.
No hay historia de piratas
que tenga un final feliz.
Ni ellos ni la censura
lo podían permitir.
Por la espalda, en una esquina,
gente a sueldo los asesina.
sábado, 21 de junio de 2008
Dia de la Bandera
Un regalito por el Día de la Bandera...
La canción está cantada por Juan Carlos Baglietto.
Disfrutenla.
viernes, 20 de junio de 2008
Cacerola de Teflón (Ignacio Copani)
No te oí... En los días del silencio atronador.
No te oí junto a las madres del dolor,
no sonaste ni de lejos, por loschicos,
por los viejos olvidados.
No te oí... Puede ser que ya no estoy oyendo bien,
pero al borde de las rutas de Neuquén,
no te oí mientras mataban por la espalda a mi maestro.
Y entre nuestros cantos desaparecidos
yo jamás oí el sonido de tu tapa resistente,
que resiste comprender que hay tanta gente
que en sus pobres recipientes sólo guarda una ilusión.
Cacerola de teflón, volvé al estante,
que la calle es de las ollas militantes,
con valiente aroma de olla popular.
Cacerola de teflón, a los bazares
o a sonar con los tambores militares
como tantas veces te escuché sonar.
No te oí... cuando el ruido de las fábricas paró,
cuando abril su mar de lágrimas llenó.
No te oí con los parientes del diciembre adolescente, asfixiado.
No te oí. Puede ser que mis oídos oigan mal,
pero no escuché en la exposición rural,
reclamar por el jornal de los peones yerbateros,
por la rentabilidad de los obreros,
por el tiempo venidero, porque venga para todos.
No te oí ni te oiré porque no hay modo
de juntar tu avaro codo con mi abierto corazón.
Cacerola de teflón, volvé al estante
de los muebles de las casas elegantes
que las cocineras te van a extrañar.
Cacerola de teflón, a los bazares
o a sonar en los conciertos liberales
como tantas veces te escuché sonar.
No te oí en el puente de Kosteki y Santillán
No te oí por el ingenio en Tucumán.
No te oí en los desalojos ni en los barrios inundados de este lado.
No te oí, en la esquina de Rosario que estalló
Cuando el ángel de la bici se calló
y sus ángeles pequeños se quedaron sin comida.
Y jamás te oí en la vida repicar desde acá abajo
por un joven sin trabajo, a la deriva.
Debe ser que desde arriba,
desde los pisos más altos
no se ve nunca el espanto y las heridas.
Cacerola de teflón, volvé al estante.
Yo me quedo en una marcha de estudiantes
donde vos nunca supiste resonar.
Cacerola de teflón, a los bazares
o a llenarte de los más ricos manjares
que en la calle no se suelen encontrar.
Cacerola de teflón, andá a c... ocinar.

