martes, 17 de mayo de 2011

La primera de mis muertes

El despertador de los martes tenía un sonido más alegre. Sonaba a las 9, tarde para gente de nuestra edad, pero nunca fuimos demasiado amigos de eso de madrugar, y ya viejos no teníamos obligaciones a la mañana. En la cocina preparaba ese momento, tan café con leche (dos de azúcar) y tres galletitas untadas con dulce de durazno, para llevárselo a la cama a ella que siempre me esperaba despierta pero con los ojos cerrados sólo para que yo al llegar y acariciarla pueda disfrutar de los primeros rayos de luz de sus ojos y de su primera sonrisa que luego se sucederán y siempre tan bellas y tan espontáneas y tan beso de mamá en la frente.

Los días martes… tan iguales a los miércoles y a los jueves pero distintos por las siete de la tarde. Esa hora tan bella a la que entro a la facultad con el maletín en la mano y la camisa bien planchada para encontrarme con mi curso de alumnos; con esas mentes jóvenes y jubilosas que tanto me enseñan, que tanto admiro y extraño, que siempre me mantienen actualizado, me llenan de vida; con mi causa por la educación pública que me formó a mí y a mi familia, y que tanto estoy dispuesto a defender y que tanto me enorgullece hablar de ella; con esos pasillos llenos de afiches, llenos de ideas, donde está el futuro de nuestro pueblo... ¡díganme dónde está el futuro de un pueblo si no es en los pasillos de sus universidades!. También me encuentro conmigo caminando por los pasillos con el mate en la mano y riéndome con mis compañeros; con esa etapa de mi vida tan bella, que tanto me formó; con esos momentos llenos de alegría y con esos dos odiosos que tanto templan el alma, que lo ponen a uno triste y a no desanimarse porque la lucha no se pierde hasta que no se abandona.

Fue un lunes, uno de esos lunes tan celos y tan carcomidos por la envidia de no poder ser martes, de no ser vida que se desborda, de no ser alegría que cansa los cachetes. Tan maligno fue aquel lunes que hizo llegar a mí los resultados de la encuesta docente. Aquella que años atrás siempre me demostraba como los alumnos disfrutaban de mi clase y me comprendían, esta vez tuvo palabras de reprobación y sentí esa sensación de dos en la libreta.

No estaba ya en condiciones de reprobar, y lo que fue más cruel aún: tampoco estaba en condiciones de mejorar. Mis ojos se llenaron de lágrimas, sin decir una palabra tomé una hoja en blanco y le escribí mi carta de renuncia al rector. La firma en la parte inferior de la hoja me desgarró: estallé en llanto. Mi mujer me abrazó, leyó la carta y comprendió todo: era la primera de mis muertes.

10 comentarios:

Agus dijo...

Resignarse a lo que uno ama es una gran muerte en vida, y más por el dolor de saber que no lo hacés bien ni lo podés mejorar, sobre todo si te entregaste a esa causa...
(Descubrí alguna frase del Che, y mucha de Cortázar, ¿Puede ser? jaja)
Un abrazo che, sigo esperando mi libro...

Jimena con jota dijo...

Oh! so sad!! y bello, muy bello.

Un beso grande.

Edgardo G. dijo...

Wow... Vos tenés que publicar acá más seguido!!!

Liliana dijo...

Edgardo G... tenés toda la razón.
Suerte que reapareciste.

Jorgue Daniel dijo...

Nico, muy bueno lo que escribiste! Creo que el hombre no tiene una sola muerte, tiene varias pequeñas muertes, de casi todas se sobrevive, en mas algunas dejan enseñanzas, pero lamentablemente otras son tan fuertes que te carcomen el cuerpo y te degradan lentamente el alma. Y ahí si que no hay escapatoria, quedamos solos y a metros de la recta final, aquella capaz de develar el gran misterio existencial.

Sheeba dijo...

Nico, a lo mejor es como dice la Momia, "la muerte es sólo el comienzo", saludos.

Juli dijo...

hola!jaja que buena onda! bueno la idea es compartir, y aca estamos en el submundo, viste, el la blogosfera jajaja...el libro es Octaedro, bah en realidad todos los libros de Cortázar me parecen obras maestras...un saludo muy grande!!

Tavo dijo...

Que texto!!! Creo que en cada etapa que se cierra una parte nuestra está muriendo y así vamos muriendo de a poco a lo largo del tiempo, nuestro tiempo; anhelando aquello que fue y hoy ya no podemos hacer.
También creo que a veces hay muertes necesarias que nos sirven para volver a nacer, con nuevas ideas, nuevos proyectos; pero eso pasa cuando deseamos el cambio y no precisamente en este caso del texto. Muy bueno! Abrazo.

Lu! dijo...

Que buen título!! Sin duda que en nuestra vida pasamos por varias muertes que nos suponen una recuperación para seguir adelante. Creo que esto diferencia al resto de la tan nombrada y última de ellas. Al igual que Tavo me llevó a pensar en esas cosas que un día se transorman sin preguntarte. Te toman como desprevenido aunque vos todavía no estes preparado. Sin embargo, creo que justamente esos cambios son los que nos preparan para lo que vendrá. Nos ponenen a prueba y aunque hoy no lo podamos ver muchas reprobar nos puede significar mañana mejorar.
Me gustó mucho Nico!Salado!Carcomidos por la envidia je!

Angel dijo...

Por azar aterricé por tu blog, si te digo la verdad, ni me acuerdo el cómo, pero lo agradezco, pues me ofreció la posibilidad de leerte.
Me gusta lo que escribes y cómo lo escribes y, con tu permiso, espero, lo asomo a mi ventana española.
Un abrazo desde el Sur.